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Europa en sus comienzos

Sobre la historia de Europa

La historia de Europa se refiere al conjunto de sucesos relativos al continente europeo, desde que fue poblado por los primeros seres humanos hasta la actualidad.

Según una de las teorías, el Homo Sapiens nació hace unos 130.000 años en África. Sin embargo, también muchos de estos humanos pueden haber llegado desde Asia y el Cercano Oriente a Europa, donde se asentaron entre 40.000 y 25.000 a. de C. (Paleolítico Superior).[1]

La Antigüedad clásica está dominada por el influjo de la civilización greco-latina sobre el resto de Europa. La fragmentación política de Europa y los sucesivos intentos forzados de unificación sumieron al continente en numerosos conflictos y guerras durante la Edad Media, como la Guerra de los Cien Años (que duró más de un siglo).

La Edad Moderna marca para Europa el inicio de procesos que mucho después darán lugar a la globalización, y es el tiempo en el que los conflictos bélicos se hicieron cada vez más desastrosos, como la llamada Guerra de los Treinta Años. Los procesos económicos y el desarrollo científico y tecnológico se aceleraron en desmedro de otros continentes de manera mucho más notoria durante la Edad Contemporánea, produciendo tensiones por competencias que desencadenaron más guerras (como las guerras Napoleónicas y las guerras mundiales). Hoy los procesos tendentes a la unificación se procuran pacíficamente, tal es el caso de la formación de la Unión Europea, si bien no exenta de avances y retrocesos.

El hogar natal de la raza humana no parece haber sido Europa, sino África, y por ende, el ser humano llegó a Europa desde afuera, en un movimiento colonizador. Cerca de unos 500.000 años atrás ya existían especímenes homínidos tales como el Hombre de Heidelberg, por ejemplo, pero el ser humano actual (el Homo Sapiens) llegó mucho más tardemente. La última oleada de población se produjo hace unos 25.000 años, tratándose del Hombre de Cro-Magnon, el cual reemplazó a la población nativa, conformada por el Hombre de Neanderthal, bien sea que haya asimilado, o bien exterminado a dicha población; si hubo o no hibridación entre neanderthales y cromañones, es aún materia de debate en el mundo científico.[3] [4]

El fin de la Era Glaciar y la llegada del Holoceno produjeron algunos cambios geográficos de importancia. Así, el casquete de hielo que cubría el norte de Europa desapareció, y al subir el nivel del mar, las Islas Británicas quedaron separadas del continente por el Canal de la Mancha. En los 10.000 años siguientes se desarrollaron varias culturas, que a través del desarrollo de la agricultura, crearon una civilización incipiente, cuyos núcleos pueden ser rastreados en Hallstatt o La Tène. El mayor testimonio de dicha cultura es la retahíla de megalitos que cubrieron a Europa, incluyendo dólmenes, trilitos, menhires y el fastuoso sitio arqueológico de Stonehenge.

Europa grecorromana y Europa bárbara
El Partenón en la Acrópolis de Atenas es un símbolo universal de la antigua Grecia y uno de los principales testimonios la civilización occidental.[5] [6]
Evolución territorial del Imperio Romano:
-República (rojo)
-El Imperio (púrpura)
-El Imperio Occidental (azul)
-El Imperio Oriental (amarillo)
Hacia el año 3000 a. C., por influencia de la cultura del Medio Oriente, en la isla de Creta surgió una civilización que construyó un imperio marítimo que abarcó a todo el mar Egeo, y que comerció con Egipto y el Levante. Creta se hundió aproximadamente hacia 1450 a. C. por razones todavía no bien determinadas. El vacío de poder fue ocupado por los Reinos Micénicos, que dominaron las costas balcánicas durante los siguientes tres siglos, hasta que la irrupción de los dorios hacia 1100 a. C. creó una Edad Oscura en Grecia. Después de dicha Edad Oscura, los griegos se estructuraron políticamente en torno a comunidades autónomas llamadas polis ("ciudad-estado"). A diferencia de otras culturas, los griegos nunca formaron un solo gran imperio; cuando fueron unificados, sucedió por obra de invasores externos (macedonios y romanos), y no por sí mismos.

Por su parte, los griegos emprendieron dos oleadas colonizadoras, a Jonia primero, y luego por toda la cuenca del mar Mediterráneo y el mar Negro posteriormente, fundando las ciudades que después serían Marsella, Nápoles, Tarento, Síbaris, Bizancio, etc. Aunque centrándose en África, los fenicios y cartagineses también llevaron a cabo labores de fundación de ciudades en Europa, incluyendo a Tartessos y Cartagena. En el norte de Italia, de manera paralela, surgió la cultura de los etruscos.

Durante la segunda mitad del Primer Milenio, el Mediterráneo se convirtió en campo de batalla para distintas potencias políticas. Atenas intentó hacerse con la hegemonía del Mediterráneo a través de la Liga de Delos, a la vez que vivió un período de esplendor durante el llamado Siglo de Pericles, pero colapsó después de su derrota en las Guerras del Peloponeso (431 a. C.-404 a. C.). Siguió un siglo de inestabilidad en Grecia, hasta que Filipo II la unificó bajo su hegemonía.[7] Posteriormente, Alejandro Magno emprendió la conquista del mundo oriental, y aunque después de su muerte (323 a. C.) las potencias orientales volvieron a ser independientes, Macedonia permaneció como gran potencia.

En el Occidente, por su parte, empezó a surgir el poderío de la República Romana. Esta se enfrentó a los etruscos en una larga serie de guerras, que culminaron con la anexión de las principales ciudades etruscas hacia 250 a. C.. A la vez se enfrentaron al poderío cartaginés y lo doblegaron en las Guerras Púnicas (264 a. C.-146 a. C.). Durante el siglo siguiente, los romanos se extendieron por Grecia y por Oriente. En Europa, los romanos siguieron extendiendo sus fronteras tierra adentro, hasta que en la época del Emperador Octavio Augusto (31 a. C.-14 d. C.), el Imperio Romano cubría todas las tierras europeas al sur de los ríos Rin y Danubio.

En este proceso de expansión, los romanos destruyeron la cultura de los celtas en Hispania y en la Galia.[cita requerida] Después, al saltar a Gran Bretaña en el año 43, los romanos destruyeron los núcleos celtas en Inglaterra y Gales.[cita requerida] Con todo, la cultura druidídica se conservó en Irlanda y Escocia.

Al otro lado del Río Rin, por su parte, vivían las tribus de los germanos. No formaron un reino unificado, sino que eran colecciones de tribus comandadas por un rey y una aristocracia tribal. Algunas tribus de germanos intentaron cruzar la frontera y atacar a los romanos, aunque sin éxito (los cimbrios y teutones, por ejemplo). Durante los cuatro siglos que van desde la época de Julio César hasta la de Teodosio el Grande, la frontera de los ríos Rin y Danubio fue efectivamente el límite entre la cultura de los romanos y la de los germanos.


Colapso grecorromano y reinos germanorromanos
En el año 235, el Imperio Romano entró en un período de caos y confusión, del cual salió medio siglo después, pero fuertemente debilitado, y con una economía y políticas de corte marcadamente más totalitario; este nuevo régimen es llamado el Dominado. Durante esta crisis, los bárbaros germanos empezaron a presionar con fuerza mayor al Imperio Romano, e incluso colonizaron (o fueron llamados como colonos) a varias tierras romanas fronterizas.

En esta época, dentro del Imperio Romano, prosperó la religión del Cristianismo. En 313, Constantino decretó la tolerancia religiosa hacia los cristianos en el llamado "Edicto de Milán", mientras que en 395, Teodosio el Grande proclamó al Cristianismo como religión oficial del Imperio. En este período, y en particular desde el Concilio de Nicea en adelante, el Cristianismo desarrolló fuertes estructuras jerárquicas, además de desarrollar fuertemente la doctrina y los dogmas de fe. En ese sentido, el Cristianismo empezó a desarrollar la fisonomía que presentaría la Iglesia Católica durante la Edad Media.[cita requerida]

En el año 378, en la Batalla de Adrianópolis, los germanos le infligieron una dura derrota a los romanos. A partir de entonces la presión de los germanos aumentó aún más. En 406 cruzaron el Río Rin, y ante la impotencia de los romanos, se instalaron en varias tierras del Imperio. En 410, los visigodos saquearon Roma (por primera vez en siete siglos la ciudad imperial es hollada), y los vándalos repiten esto en 455. Aunque todavía nominalmente en pie, el Imperio Romano se disgrega. En 476, Odoacro (jefe de la tribu de los hérulos) toma el poder, pero en vez de proclamarse Emperador, envía las enseñas imperiales a Bizancio, terminando así de iure el Imperio Romano de Occidente.

Los caudillos germánicos se lanzaron entonces, durante los siglos V y VI, a varias guerras que los debilitaron políticamente. Hacia el año 600 sobrevivían sólo los reinos de los visigodos, los lombardos, los francos y los anglosajones. Estas monarquías eran verdaderas aristocracias militares, en las que el rey era más un "primus inter pares" que un verdadero monarca absoluto.


Edades Oscuras

Las sombras de Roma
Después de la desintegración del mundo antiguo como consecuencia de las irrupciones de los pueblos germánicos: Bélgica (259), Galia (268-78), Italia (260-70), Tracia, Grecia y Asia Menor (258-69), cuando los persas derrotaron y capturaron al emperador Valeriano (260).[8] viene la época de la Baja Edad Media o de las Edades Oscuras , que abarca el periodo comprendido desde la caída del Imperio Romano hasta el feudalismo. En el año 409 los jutos, anglos y sajones desalojan a los romanos de la Gran Bretaña; En el 490 visigodos y vándalos llegan a España, mientras que los hunos alcanzan Orleáns y Milán. Esta invasiones suponen la disolución y desplazamiento del centro del poder imperial de Roma hacia el norte de Europa en lo que sería el Imperio Carolingio.

Los germanos se lanzaron también a la tarea de unificar la sociedad germánica con la romana.[cita requerida] En muchos casos esto se reflejó en un proceso legislativo que tendió a unificar las leyes aplicables a los germanos y a los romanos.[cita requerida] Este proceso legislativo vino a quedar completo en el siglo VII, época en la que ya no era posible distinguir entre ambas poblaciones.[cita requerida]


Bizantinos y árabes
Rómulo Augústulo se entrega a los germanos en el 476.
Constantino I y Justiniano I ofreciendo su fidelidad a la Virgen María (Iglesia de Santa Sofía).
Mientras el Imperio Romano de Occidente era destrozado por los bárbaros, el Imperio Romano de Oriente consiguió sobrevivir. Algunos consideran a Constantino I (reinó 306-337) como el primer "emperador bizantino". Fue él quien trasladó la capital imperial en 324 de Nicomedia a Bizancio, refundadola como Constantinopla, o Nova Roma ( "Nueva Roma").[9] La ciudad de Roma en sí no había servido como la capital desde el reinado de Diocleciano. Otros fechan los inicios del Imperio en el reinado de Teodosio I (379-395) y consideran que el cristianismo se instauro como religión oficial suplantando a la religión pagana romana, tras su muerte en 395, cuando la división política entre el Este y el Oeste se convirtió en permanente. Sin embargo, otros fechan todavía más tarde el inicio del imperio, en 476, cuando Rómulo Augústulo, tradicionalmente considerado el último emperador occidental, fue depuesto, con lo que el único que conservo la autoridad imperial, fue el emperador griego en el Oriente. Otros apuntan a la reorganización del imperio en la época de Heraclio (620), cuando los títulos Latinos fueron sustituidos oficialmente con versiones en griego. En cualquier caso, el cambio fue gradual y para la década de 330, cuando Constantino inauguró su nueva capital, el proceso de helenizacion y el aumento de la cristianización ya estaban en marcha. Se considera generalmente que el imperio termino después de la caída de Constantinopla bajo los turcos otomanos en 1453.

Bajo la égida de Justiniano I (527-565), los generales bizantinos iniciaron una ambiciosa serie de campañas militares para anexarse los antiguos territorios romanos de Occidente, conquistando el norte de Africa a los vándalos, Italia a los ostrogodos (aunque por breve tiempo, porque en 568 se la apoderaron los lombardos) y partes de Hispania, que consiguieron mantener en su poder hasta 622. Sin embargo, el desgaste de estas guerras, más las emprendidas por Justiniano y sus sucesores contra la potencia persa de los sasánidas, debilitaron mortalmente al Imperio. Además, la Peste de Justiniano afectó al Imperio Bizantino, incluida su capital Constantinopla, en los años 541-542. Se estima que la plaga provocó hasta un máximo de 100 millones de muertes en todo el mundo,[10] [11] causado la caída de alrededor del 50% de número de habitantes de Europa entre 541 y 700.[12] El éxito de las conquistas árabes, también puede haber contribuido a la catastrofe demográfica.[13] [14] En el siglo VII la irrupción de los árabes le asestó al Imperio Bizantino un duro golpe, privándolo de sus territorios africanos (incluyendo Egipto), de Palestina y de Siria. A partir de entonces el Imperio Bizantino sería una potencia que basaría su poderío en el dominio de la Anatolia y los Balcanes.

Las conquistas árabes llegaron hasta Europa. En el año 711, al mando de Tarik y enviados por el gobernador africano Muza, los árabes conquistaron y destruyeron el Reino Visigótico, y se anexaron Hispania. Aun así, un núcleo de montañeses asturianos resistió, y se transformaría en la semilla del contragolpe cristiano contra los musulmanes.[cita requerida] En 732, una incursión musulmana contra la Galia fue frenada en la Batalla de Poitiers por Carlos Martel, marcando el máximo de expansión musulmana en Europa. Algo después, en 756, el Emir Abderramán I se independizó del Califato Abasida, y creó en España el Emirato de Córdoba, que se transformó en un importante núcleo del saber y la cultura en la Europa de la Edad Media.


Cristianismo feudal
El Papa Adriano I pide ayuda a Carlomagno contra la invasión en 772.
En 814 el Imperio Franco alcanzó su punto álgido, mientras que Bizancio resistía la conquista musulmana.
Después de la caída del Imperio Romano en Occidente en el siglo V, Europa occidental emerge como una nueva civilización porque las invasiones bárbaras la separaron del Imperio Bizantino (Imperio Romano de Oriente) que sobrevivió otro milenio.

El Feudalismo reemplazó al Imperio Romano en Europa. La única institución que sobrevivió fue la Iglesia Católica, que preservó parte de la cultura romana,[15] y se convirtió en la principal fuente de aprendizaje hasta el siglo XIII. Hasta el año 1000 crece el feudalismo, que debilita al Sacro Imperio Romano y define a la Iglesia Católica como el mayor poder cristiano, ya que el papado no solo tenia su propio estado, sino que atesoraba todo el saber grecorromano y era el guía espiritual de todos los poderosos estados europeos, consiguiendo controlar en muchas ocasiones sus políticas exteriores y de conquistas.


Imperio Carolingio
La Casa de los Pipínidas, a la que pertenecía como mayordomo de palacio de los francos el mencionado Carlos Martel, pidió reconocimiento al Papado como reyes, y fueron entronizados. La Dinastía Merovingia fue reemplazada así por la Dinastía Carolingia. Como parte del acuerdo entre Pipino el Breve (hijo de Carlos Martel) y el Papado, varios territorios italianos fueron entregados a éste, transformándose en la semilla de los futuros Estados Pontificios.

El hijo de Pipino el Breve fue Carlomagno, quien gobernó el Imperio Carolingio desde 771 hasta su muerte en 814. Carlomagno, aliado con el Papa, hacia el año 800, conquista Francia, el oeste de Alemania, gran parte de Italia y partes de otros países.[16] Surge el Sacro Imperio Romano Germánico cuyo emperador intenta dominar al papado que había constituido un estado independiente en el centro de Italia.

Carlomagno protegió al Papado, lidiando varias guerras contra sus enemigos tradicionales los lombardos y fortaleciendo el rol social de la Iglesia. Creó también la Escuela Palatina, a cargo de Alcuino de York, y propulsó el llamado Renacimiento carolingio. En política exterior intentó atacar a los musulmanes de España, operación que se vio frustrada por la dura derrota sufrida en la Batalla de Roncesvalles (778), aunque en 804 creó la Marca Hispánica, futuro núcleo del Condado de Barcelona. Libró también una guerra de aproximadamente 30 años contra los sajones, e inició la cristianización de Alemania. Entabló relaciones diplomáticas tanto con el Imperio Bizantino como con el Califato Abasida. En el ámbito interno llevó a cabo una serie de reformas administrativas, dividiendo su imperio en marcas y condados, algunos de los cuales sobrevivieron a su Imperio como entes independientes.

Sin embargo, al morir Carlomagno en 814, su heredero Ludovico Pío resultó ser un monarca débil y no pudo proseguir la obra de su antecesor. En 843, los hijos de Ludovico Pío (nietos de Carlomagno) se repartieron el Imperio en el Tratado de Verdún, surgiendo así las coronas de Francia y de Alemania (otro territorio surgido de dicho tratado, la Lotaringia, se desintegró rápidamente).

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